martes, 8 de marzo de 2016

La mujer trabajadora


Pasé gran parte de los veranos de mi infancia y adolescencia en un pueblecito de Toledo. Allí conocí a una mujer, madre de unos amigos, que a mi me despertaba una gran admiración y muchísimo respeto. 


Ella se levantaba a las cuatro de la mañana porque su madre, ya mayor, tenía una panadería y ya no podía hacer sola el pan.
Hacia las ocho, volvía a su casa a ocuparse del desayuno del marido y los hijos, de la casa, de la compra, la comida...

Por las tardes iba a la poza, cargada con la ropa para lavar,  o a cuidar la huerta, y si le sobraba  un ratito, se acercaba a ayudar en el taller de cantería que tenía su marido. Era  bastante habitual encontrármela con el escoplo y la maza en la mano cuando iba a buscar a mis amigos para salir. 

Me acuerdo como si fuera hoy que un día, hablando de nuestras respectivas familias, mi amigo dijo que su familia era diferente a la mía porque su madre no trabajaba. 
Su cara de sorpresa cuando le dije que su madre era una de las mujeres que más trabajaba de las que yo había visto en mi vida era un poema. 

Conocí bastantes más mujeres así en mis veranos gallegos. Mujeres que hacían que sus casas -y de hecho el pueblo entero-  funcionase mientras los hombres estaban en el mar. Creo que oficialmente, tampoco trabajaron nunca.

Pues para todas esas mujeres no trabajadoras ¡Feliz día!

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